Redacción.- La ciencia había descubierto que el parto prematuro altera el crecimiento del cerebelo y el desarrollo neurológico. Hoy, un equipo de investigadores describe en la revista Science los mecanismos moleculares y celulares que intervienen en esa alteración de la maduración natural del cerebro, un hallazgo clave para poder actuar sobre ellos.
El cerebelo es una región del encéfalo ubicada en la parte posterior e inferior del cráneo que contiene la mayoría de las neuronas del cerebro y, a través de sus conexiones con el resto del encéfalo, modula desde el movimiento hasta el lenguaje o la conducta social.
Esta región experimenta su período de crecimiento más rápido en el último trimestre de gestación, entre las semanas 24 y 40, justo cuando ocurren los nacimientos prematuros, que suponen la interrupción de una fase crítica de la maduración y el desarrollo cerebral.
Los científicos habían observado que nacer antes de tiempo se asocia con dificultades motoras y cognitivas, pero hasta ahora no se conocía qué ocurría a nivel celular.
Para abordar esta incógnita, un equipo de investigadores afiliados a centros de investigación de Estados Unidos estudió a bebés vivos (176, de entre 9 y 36 meses) y fallecidos (83), algunos de los cuales nacieron prematuramente y otros a término.
Primer mapa del cerebelo prenatal
Los investigadores combinaron el análisis post mortem del tejido cerebeloso con técnicas de imagen cerebral y evaluaciones del desarrollo.
También realizaron perfiles espaciales de expresión génica y análisis de tejidos basados en el aprendizaje profundo, lo que permitió crear, por primera vez, un mapa del desarrollo del cerebelo en un amplio rango de edades gestacionales.
Los resultados revelaron que el nacimiento prematuro modifica la trayectoria de desarrollo del cerebelo y que el momento del nacimiento influye en la forma en que maduran distintas poblaciones de células cerebrales, incluso después de que los bebés alcanzan la misma edad que aquellos nacidos a término.
Según los autores, la prematuridad provoca una alteración en la coordinación entre dos tipos de células: las de Purkinje y las granulares, lo que podría perjudicar el perfeccionamiento de las conexiones neuronales, aunque el cerebelo conserve su estructura normal.
Estos hallazgos sugieren que la prematuridad no se limita a interrumpir el desarrollo del cerebelo ni a exponer al cerebro a lesiones, sino que altera las condiciones biológicas en las que se produce la maduración cerebral.
Aunque el estudio no analizó si estas alteraciones persisten a largo plazo, los autores sostienen que los resultados podrían ayudar a comprender las dificultades motoras y cognitivas asociadas a la prematuridad.
Primer paso para desarrollar vías terapéuticas
“Este trabajo es excelente, ya que define la arquitectura del desarrollo del cerebelo tanto en condiciones normales como en partos prematuros. Esto significa que han logrado mapear cómo se organiza, interactúa y se construye el tejido biológico a lo largo del tiempo”, señala Marta Nieto, líder del grupo de investigación Desarrollo de la Corteza Cerebral en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC).
En una reacción a este estudio recogida en Science Media Centre, Nieto subraya que este trabajo “desvela que en el parto prematuro existe una asincronía en la maduración de las neuronas cerebelares con respecto a su edad gestacional, lo cual representa el primer paso para diseñar vías terapéuticas que intervengan en este proceso”.
No obstante, señala que el hecho de que estas diferencias persistan hasta la edad equivalente al nacimiento a término no significa que sean permanentes, pues todavía no se sabe si continuarán, disminuirán o se compensarán en el futuro.
Juan Antonio Moreno-Bravo, investigador en el Instituto de Neurociencias CSIC-UMH, apunta también que, aunque todavía es pronto para trasladar estos hallazgos a la práctica clínica, el estudio “invita a mirar la prematuridad de otra manera”.
“El bebé prematuro no solo completa fuera del útero el tercer trimestre de gestación, sino que podría seguir un curso de maduración cerebral distinto. Si se confirma, conocer el grado de maduración de sus células podría complementar la edad corregida al orientar el seguimiento y, más adelante, ayudar a evaluar el momento adecuado para aplicar tratamientos neuroprotectores”, concluye Moreno-Bravo.
