Redacción.- El orgasmo es una descarga de tensión placentera que puede preceder a otros orgasmos o bien concluir en un período de reposo y recuperación. En la mujer, esta experiencia suele ser tan intensa —un dejarse llevar por el placer— que ha recibido el nombre de “la petite mort”.
Sin embargo, en algunos casos, esta fase de relajación y recuperación del estado anterior se ve alterada por la aparición de síntomas que pueden durar un breve tiempo o varios días y llegar a ser tan intensos que se evitan las relaciones sexuales debido a sus molestas consecuencias.
El síndrome de enfermedad postorgásmica (SEPO) fue descrito en 2002 por Waldinger y Schweitzer, quienes propusieron que podía tratarse de un síndrome de hipersensibilidad cuando el semen entra en contacto con la uretra e inicia una reacción alérgica.
Su prevalencia en hombres llevó a pensar en una alteración de los andrógenos y, efectivamente, en la mayoría de los casos se encontró la testosterona baja.
Luego de la eyaculación, los hombres afectados refieren cansancio, fatiga fácil, fallas cognitivas —no encuentran las palabras—, rinitis, lagrimeo, ardor en los ojos, desánimo, entre otros síntomas. El malestar puede persistir desde pocos días hasta semanas, lo que lleva al hombre a evitar los encuentros sexuales, aun cuando mejora.
Lo inespecífico de los síntomas —que pueden confundirse con los de una gripe— y la automedicación con antihistamínicos o analgésicos retrasan la consulta. Aun así, muchos profesionales ignoran la existencia del síndrome de enfermedad postorgásmica. En muchos casos, mejora con la administración de testosterona, antidepresivos o antihistamínicos, aunque requiere una evaluación más completa.
