La delincuencia golpea a la clase artística dominicana: tragedia, asaltos y agresiones

Antonio Sánchez
5 Min Read

Santo Domingo.- Los recientes hechos de violencia que han afectado a figuras del espectáculo dominicano y sus familiares han vuelto a colocar la inseguridad en el centro de la conversación pública. Entre los casos figuran el asalto en el que murió la esposa del merenguero Julián Oro Duro, el robo denunciado por la madre de Sujeto Oro 24, la agresión sufrida por el actor Kenny Grullón y el incidente que afectó a la merenguera Miriam Cruz.

Uno de los episodios más trágicos ocurrió el 20 de septiembre, cuando varios hombres asaltaron la residencia del merenguero Julián Oro Duro, cuyo nombre real es Gilberto Julián Sarante Perdomo. Durante el ataque, su esposa, Zeneida Socorro Castillo, perdió la vida, mientras que el artista resultó herido y tuvo que recibir atención médica.

El informe del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) determinó que Castillo murió a consecuencia de un traumatismo severo en la región izquierda de la cabeza, que provocó una fractura craneal y anoxia cerebral. La autopsia también documentó ocho heridas ocasionadas con un arma blanca.

Por este caso, la justicia impuso 18 meses de prisión preventiva a cuatro imputados y declaró el proceso complejo. Los acusados deberán cumplir la medida en el Centro de Corrección y Rehabilitación Las Parras, mientras continúan las investigaciones sobre el asalto y la muerte de Castillo.

Días después, el exponente urbano Sujeto Oro 24 denunció que su madre fue víctima de un robo en su residencia, ubicada en el sector Los Mina, Santo Domingo Este. Según la versión difundida por el artista, un hombre llegó a la vivienda con el pretexto de pedir agua y aprovechó la ocasión para llevarse un teléfono celular, identificado como un iPhone 17.

El sospechoso habría sido interceptado por residentes de la zona y entregado a la Policía Nacional, mientras el vehículo en el que se desplazaba también quedó retenido. 

Otro hecho que generó preocupación fue el asalto al actor y humorista Kenny Grullón, ocurrido en su residencia, en la Zona Universitaria del Distrito Nacional, donde también se encontraba su esposa, la comunicadora Ana Rossina Troncoso, junto a otros familiares. De acuerdo con las informaciones, el agresor utilizó un arma blanca para amenazar al artista, lo amordazó y lo ató antes de sustraerle dinero, un teléfono celular y su anillo de matrimonio.

El caso llegó a los tribunales y el juez Rigoberto Sena impuso tres meses de prisión preventiva a Yefry Manuel Jiménez, conocido como “Babo” o “Jefry”, señalado como responsable del asalto. El imputado deberá cumplir la medida en el Centro de Corrección y Rehabilitación de Baní.

Más allá del proceso judicial, Grullón ha expresado que todavía enfrenta las secuelas emocionales del incidente. En un mensaje publicado en sus redes sociales, manifestó: «Todavía no estoy durmiendo bien», al explicar que continúa pensando en lo sucedido y que intenta recuperarse poco a poco. También agradeció las muestras de cariño, las llamadas y las oraciones recibidas.

El caso más reciente involucra a la merenguera Miriam Cruz, quien denunció que un motorista lanzó una piedra contra su vehículo mientras transitaba junto a su esposo y representante, Engel Landolfi, por la intersección de las avenidas John F. Kennedy y Abraham Lincoln, en Santo Domingo.

Según relató la artista, el motociclista sufrió una caída cerca del contén y, después de levantarse, lanzó una piedra contra el cristal trasero de la yipeta, que terminó roto. Tanto Cruz como sus acompañantes resultaron ilesos. En este caso, no se trató del robo del vehículo, sino de una agresión que causó daños materiales.

Tras la denuncia, la Policía Nacional informó que daba seguimiento al incidente para identificar y localizar al responsable. 

Aunque los hechos presentan circunstancias diferentes, los casos de estas figuras públicas y sus familiares reflejan distintas manifestaciones de la inseguridad: desde robos en viviendas que terminan en tragedia hasta agresiones que ponen en riesgo la integridad de las personas. En varios de ellos, los procesos judiciales avanzan, mientras las víctimas intentan recuperarse de las consecuencias físicas y emocionales.

Compartir este artículo